NOSOTROS


La familia Margaix posee un horno en la ciudad de Valencia desde 1992. Hasta aquí llegó procedente de Turís encabezada por el abuelo Jaime (uno de los horneros que contribuyó con 5.000 pesetas a pagar la casa Gremial hace más de 60 años). Por aquel entonces adquirió el traspaso de un local en Embajador Vich por 18.000 pesetas. Desde allí se trasladaron a la calle Mossen Femades, desde donde marcharon a la calle Grecia para luego aposentarse en Alboraya y, por último, asentarse ya en la calle San Ignacio de Loyola, donde trabajan desde 1958. Vicente Mataix comenzó a trabajar en el negocio con sólo 17 años. Tras sufrir una operación su padre, se hizo cargo del local, donde perfeccionó una de sus grandes especialidades, el pan de pueblo. ”Está todo confeccionado a mano menos el amasado. Eso lo aprecian los clientes y hace que los bares lo demanden”, indica Mataíx, que recalca que ”yo prefiero invertir más en calidad y no rebajar los precios. Asi logro concitar la atención de más compradores". Mataix ha repetido como clavario, porque ”me quedaron muy buenos amigos de la primera experiencia con Moliner. Yo aconsejo a todo el mundo que disfrute de estas vivencias por la amistad que crean". ”Antes de ser clavario por primera vez no pisaba el Gremio para nada. Desde entonces he aprendido mucho. Me he dado cuenta de lo necesario que resulta que estemos todos más unidos y aprovechemos mejor la infraestructura con la que contamos. Ya les gustaría a otras comunidades autónomas disponer de un Gremio como el nuestro”, reafirma. Este profesional valenciano lleva lustros observando e! rumbo del sector. Desde su punto de vista, ”la llegada del congelado ha dado un giro a todo y ha hecho que cayera nuestro

negocio. Pero la gente vuelve a la calidad, aunque para ello resulte necesario, por ejemplo, sacar pan caliente por la tarde y confeccionar varias hornadas". En esta cuestión insiste Vicente Mataix cuando comenta que ”hemos de racionar las cocciones y ofrecer diversas hornadas cada día”. Este argumento lo enlaza con el de elaborar ”más variedad”. Este hornero, que dirige un local en la calle San Ignacio de Loyola. sirve a numerosos bares, con los que opta por no competir en la confección de bocadillos, canapés o artículos más relacionados con este tipo de negocio. Mataix, además del pan de pueblo, también se ha de especializado en las cocas cristina y almendrada que prepara su madre. No obstante, tiene claro que "el pan es el reclamo, y si lo haces bien acude la gente a tu local y te compra pasteles. Para mejorar nuestras ventas hemos de prescindir de marcas comerciales fabricadas y emplear nuestros propios alimentos naturales y de primera calidad". “Para mantenernos en el mercado hemos de ofrecer el máximo posible de calidad. Es preferible elaborar tu máximo el producto y, si necesitas ayuda, recurrir a un congelado de calidad. Por esta razón empleamos un articulo natural y de primera calidad", insiste el hornero. Vicente Mataix reconoce la labor de sus antecesores, pero considera que el sector no ha agradecido esa tarea de la manera más adecuada posible. "El imprescindible homenaje a Montaner se ha de hacer extensivo a todos los veteranos de la época en la que habia colas de 30 ó 40 personas en la puerta de los hornos los días de guardia. La mayoría de padres y suegros de los actuales clavarios vivieron esa época dorada, con 24 horas de ventas sin parar y toda la producción confeccionada a mano", relata. Este interlocutor reconoce, no obstante, que "aquella forma de trabajar era inhumana" y ejemplifica esto en el trato que otorgaban los propietarios del local donde trabajó su abuelo en sus inicios, ya que "hacían la misma comida al perro que a la chacha". - Héctor P. De Viliat.

Limpieza

Certificados


Reconocimiento cámara de comercio empresa centenaria, primer premio torta de pasas y cuarto premio productos san donís.

Productos de calidad

Productos de calidad


Productos elaborados artesanalmente desde 1900 con materias primas de primera calidad.

Estilo único

Estilo único


Nuestra pastelería estilo francés nos distingue y nos hace especiales.